¿Y si llueve?

En verano vimos que podemos hacer fotografías en la playa y las maneras de proteger nuestra cámara de la arena… pero ahora que estamos en otoño, se acerca un fenómeno del que no nos libraremos hasta dentro de muchos meses: la lluvia.

Muchas veces nos habrá pasado que hemos querido salir a hacer unas fotos, se ha puesto a llover y nos hemos quedado con las ganas porque no teníamos nada con qué protegerla. Y es que es muy importante que la cámara no se moje, sobre todo si tenemos una de gama baja, pues su sellado y el material son mucho más mediocres que el de las gamas superiores y podemos tener un disgusto muy grande, tanto por el desgaste como porque el agua penetre dentro de la máquina. Vamos, que lo menos grave que nos puede pasar es que se empañen los cristales. ¿Qué hacemos entonces?

Lo mejor es estar preparado, para qué engañarnos. Podemos improvisar todo lo que queramos, pero si estamos de viaje en otro país (por poner un ejemplo) y de repente se pone a diluviar, poco vamos a poder hacer aparte de volver a guardar la cámara en la funda y taparla con el abrigo… Por lo tanto, seamos previsores.

Bolsas protectoras

Esta es la opción más “profesional”, por así decirlo. Estas fundas están hechas a medida y protegerán totalmente nuestra cámara del agua, aparte de darnos mucha facilidad en el manejo de la misma.

        

Hay muchas opciones para elegir, depende de cuánto queramos gastarnos…

Paraguas

Un método tradicional, de toda la vida, que requiere mucha paciencia y mucha mañana. Si tenemos un trípode o alguien que nos lo sujete, ¡perfecto! Si no… pues lo dicho, paciencia.

Y si tenemos un poco de mano…

Podemos hacer un “apaño” casero. En muchos sitios de Internet encontraremos mil opciones para hacer nuestra propia bolsa protectora con todo tipo de materiales, desde un chubasquero viejo hasta pantalones, bolsas de la compra… el caso es tener imaginación.

Y lo indispensable en todos los casos

Un filtro protector para la lente. Pero como somos muy buenos fotógrafos en potencia, se supone que ya lo tenemos y no lo despegamos de nuestro objetivo en ningún momento 🙂

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¡Perdone, agente! Me han robado una foto…

En el post anterior hablábamos de la importancia de (ad)mirar el trabajo ajeno. De la importancia de inspirarse a través de otros fotógrafos, de fijarse en ellos, de intentar imitarlos… pero también de lo crucial que es que esa “imitación” no se convierta en copia. Vamos a tratar este tema a sabiendas de que este es muy espinoso y sin ánimo alguno de entrar en debates.

Hay mucha gente que copia y que roba, al fin y al cabo, el trabajo de los demás. Eso debemos tenerlo muy claro desde un primer momento para no llevarnos disgustos. Y no es cosa del mundo de la fotografía únicamente, pasa con el diseño gráfico, con la escritura, con la música, con las recetas de cocina… con todo lo que tiene que ver con las ideas y con los productos de las mismas. Y si pasa en el mundo real, más aún en el virtual. Internet es una red gigante llena de cosas, llena de todo, pero que también acoge a una cantidad enorme de gente anónima.

Como ya habréis comprobado una y mil veces en la vida real, existen infinidad de personas envidiosas, con mala idea o faltas de talento y/o imaginación, aunque también hay algunas que lo hacen porque no tienen conocimiento. Peor es aún cuando estos factores se unen. Nos podemos llevar grandes disgustos en la red de redes por culpa de estos personajes que se dedican a rondar sitios web en busca de trabajo ajeno. Ocurre con poesías, ocurre con entradas de blog, con tweets, fotos de perfil… y por supuesto ocurrirá con nuestro trabajo, naturalmente. No solo hablo de nuestras fotografías, sino también del diseño de nuestros portfolios, de nuestras “bios”, etc.

¿Qué podemos hacer para evitarlo?

Nada. Internet es libre e infinito, por suerte o por desgracia, y cualquiera puede tomar casi cualquier cosa como suya cuando y como quiera. Aunque existen redes donde subimos nuestras fotos con la opción de protegerlas de copia (como 500px) siempre hay algún listo que consigue hacerse con ellas… es muy fácil. Recordad, la impresión de pantalla existe y, aunque la calidad sea pésima, nuestra foto sigue rondando por ahí con el nombre de otro tío.

Debemos tomarnos todo esto con filosofía, aceptarlo y vivir con ello. No hay que obsesionarse ni dejar de utilizar Internet por miedo a que alguien se apropie de nuestras fotos. La solución más eficaz, por supuesto, es no subir absolutamente nada… pero entonces no podremos dar a conocer nuestro trabajo. si queremos que se nos conozca, es un riesgo que debemos correr.

¿Qué puedo hacer si se da el caso?

En el caso de que descubras que algo así ha pasado con tu trabajo, debes acudir a la persona que lo ha hecho y pedirle que retire la foto o bien cite tu nombre como autor de dicha obra. Habrá muchos casos en los que nos ignoren, pero esta gente las sube a diferentes redes sociales y blogs para mostrárselas a unos seguidores que, en cuanto vean que reclamas la autoría, se olerán algo raro y el personaje en cuestión perderá credibilidad. También hacer esto es importante porque hay en muchas ocasiones en que alguien toma una foto nuestra para usarla en un blog o algo parecido y no pone nuestro nombre simplemente porque no sabe que debe hacerlo.

Muchos sitios web nos dan también la posibilidad de “denunciar” a sus usuarios, no solo por contenidos ofensivos, sino también porque se haya dado un caso como del que estamos hablando.

Además, es importantísimo que guardes las fotografías originales. Cuando alguien copia una foto, solo tiene esa, mientras que tú cuentas con la original sin procesar y puedes demostrar en cualquier momento que la hiciste tú.

¿Y si alguien copia una imagen mía y la usa como fondo de escritorio o algo así?

Debes sentirte halagado. Que haga eso no tiene nada que ver con “copiar”, simplemente le gusta tu trabajo y lo usa para su propio uso y disfrute, no hay nada de malo en ello. De hecho, la esencia del arte es compartirlo… ¿o acaso nunca has visto una película o una serie online, has descargado música ilegalmente o usado canciones que no te pertenecen para acompañar tus videos o presentaciones? Es que las cosas cambian cuando tiene que ver con lo nuestro… pero de verdad no hay que confundirse con esto, porque no es lo mismo que alguien “venda” una foto tuya como suya a que se la ponga de portada en Facebook.

Claro que es tuyo, pero no podemos lucir la doble moral de querer que lo nuestro sea nuestro y lo de los demás, de todos. Lo que está mal es que otra persona se beneficie de nuestras obras. lo que no debemos permitir es que nadie tome una fotografía que es nuestra y la muestre como de su propiedad.

¿Y si lo que me copian es una idea?

Ese ya es otro caso. Si nosotros montamos una sesion o hacemos una serie de fotos y las colgamos en Internet, tenemos que tener en cuenta que muchos otros se inspirarán en nuestro trabajo y querrán hacer algo parecido, sino igual. Esto debe subirnos el ánimo y hacernos pensar que nuestro trabajo gusta y es admirado, nunca nos lo tomemos como algo negativo.

¿Que no nos parece bien? Pues no nos queda otra que perseguir a quien lo ha hecho o registrar cada una de las ideas que tengamos y liarnos a denunciar al personal, algo absurdo teniendo en cuenta que somos aficionados y que, si de verdad somos creativos, cuando alguien toma nuestra idea no se agota nuestra creatividad: podemos seguir creando.

¿Y para que nadie me copie?

Podemos usar un tipo de “protección” que usan muchos fotógrafos: la marca de agua. Yo, por ejemplo, lo hago con la mayoría de mis fotos, pero no es tanto un modo de protección como una huella de identidad de las fotografía.

Prácticamente todos los programas de edición en la actualidad dan la opción de incluir texto y firmas en nuestras fotografía, no solo Photoshop. Siendo un poco creativos, podremos crear una firma que acompañe a nuestra foto e incluso refleje nuestra personalidad en ella.

¿Cómo protejo mi cámara en la playa?

En la anterior entrada, ‘Mi cámara se viene de vacaciones’, hablábamos de los sitios a los que debemos llevarnos la cámara cuando viajemos y a cuáles no. Uno de los lugares a los que recomendaba llevarla era la playa, pero Claudia me escribió diciéndome que ella no se sentía segura con su Canon 600D entre tanta arena y agua, que temía que le pasase algo y por eso la dejaba en casa.

Fotografía de cyfuss (flickr)

Es normal preocuparse, pero… si solamente pensamos en los peligros de cada sitio al que vamos, nunca saldremos de casa. Si pensáramos en las posibilidades que hay de que nos roben la cámara, no la sacaríamos a la calle. Al igual que puede meterse arena en la playa, también puede ocurrir en un parque. En la montaña puede escurrirse y despeñarse, etc.

Esta Canon Eos 1000D se la encontró Markus Johnson mientras buceaba

 

Mi cámara en la playa

Es cierto que, cuanto mayor es la gama de nuestra cámara, mejor es el sellado… pero eso no significa en absoluto que una cámara de gama baja sea mala. Sin contacto directo, los elementos como el polvo o el agua no entrarán en la máquina. Por eso hay que protegerlas más, pero no es algo complicado.

Como le decía a Claudia, yo antes de ir a la playa pienso, ¿la voy a usar? Es decir, si voy a pasar el día, bañarme tranquilamente, etc. la dejo en casa. Es más importante disfrutar de la fotografía o disfrutar del día con los amigos o la familia que no andarse preocupando todo el día y acabar por no disfrutar de ninguna de las dos cosas. Yo la suelo reservar para paseos por la mañana u ocasiones en las que amanece o atardece, cuando la playa está más tranquila, no hay casi gente y sé que solamente será un camino de ida y vuelta.

Agárrala bien

Lo básico es ir con ella muy bien agarrada, colgada al cuello y no apoyarla en la arena. Ni la cámara ni tú y no te mojes las manos (¡la sal es casi peor que la arena!).

El objetivo

No es bueno cambiar de objetivo. Lo ideal es elegir uno y llevar ese, porque en el cambio se puede colar cualquier motita y ya la hemos liado.

Filtros

Por ejemplo, el filtro UV o filtro protector no provoca ningún efecto sobre las fotografías y protege el cristal de la lente del polvo que pueda hacerle rasguños.

Cuidados básicos

Después de todo esto, lo obvio: guardarla bien en la funda en cuanto se levante un poco el viento (aunque mejor dejar el paseo para otro día porque si hay viento se nota nada más salir de casa/hotel), no dejar que le dé mucho rato el sol fuerte directo y comprobar al llegar a casa si se ha ensuciado.

 

Mi cámara se viene de vacaciones

Llega el verano y nos vamos de vacaciones, antes o después, más cerca o más lejos. Pero hay muchas veces que nos preguntamos ¿me vale la pena llevarme la cámara?

Cuando hacemos turismo

¿Qué mejor oportunidad para hacer fotos que cuando salimos de nuestra ciudad? No hace falta irse a París para hacer grandes fotos, podemos aprovechar una visita a Santander, a Barcelona, a Ávila… o a cualquier pueblecito de nuestra provincia, por ejemplo.

Salamanca

Londres

Toledo

Puede que nosotros estemos más interesados por la fotografía documentativa… pero no suele ser el caso. Si lo que queremos es sacar “fotos bonitas”, hay que intentar no usar la cámara para hacer las típicas japo-fotos (es decir, fotos de personas o grupos de personas posando delante de todos los monumentos y edificios que nos encontremos) y no tener prejuicios a la hora de fotografiar. Podemos encontrar fotos incluso en el mismo hotel donde nos alojamos.

Santiago de Compostela

Trata de ir más allá y retratar la ciudad tal y como la ves.

Cuando vamos a la playa o al campo

Es una tontería no llevarse la cámara “porque pesa…”, porque abulta mucho, etc. Si de verdad vamos a querer hacer fotos, no nos va a importar llevarla encima. Y también es ridículo no llevárnosla a la playa o la montaña por miedo a que le pase algo. ¿Que una vez allí no la usas? Perfecto. Pero mejor eso que arrepentirse de no habérsela llevado.

Fuerteventura

Si tenemos cuidado, la llevamos bien agarrada y tenemos mucha precaución de que no se cuele arena o polvo, podremos conseguir buenos resultados en nuestros viajes. Es obvio que no podemos dejar que se moje o apoyarla en cualquier sitio, pero no es algo tan difícil. Eso sí, si vamos a querer bañarnos en el mar o en el río (por ejemplo) y no vamos a tener dónde dejarla a salvo… mejor no llevársela.

Fuerteventura

No debería llevármela a…

Cuando sepamos al 100% no la vamos a usar o que no vamos a poder asegurarnos de que esté bien protegida contra robos, golpes u otros accidentes… será mejor que la dejemos en casa.

Por ejemplo, como hemos dicho antes, no tiene sentido que nos la llevemos a la piscina cuando vayamos un domingo con nuestros amigos porque vamos a estar más preocupados por el equipo que por pasárnoslo bien. Otro ejemplo son los festivales de rock, en lo que nosotros sufriremos más por la seguridad de la cámara (no tanto porque nos la roben como porque la podamos mojar, golpear o perder nosotros mismos) que por cualquier otra cosa.

Para ese tipo de casos mejor llevarse una cámara compacta. Las hay buenísimas y muchos más cómodas… ¡incluso existen cámaras sumergibles!

¿Cuál es el equipo que debo llevarme de viaje?

La clave es no llevar demasiado, que no pese en exceso y no coger nada que no vayamos a usar. Lo más útil:

 

El cuerpo de la cámara

Un par de objetivos (veremos que para viajar se nos va a quedar corto, por ejemplo, un 18-55mm… pero también un 55-200mm. Mejor llevar ambos o bien un “todoterreno”- 18-200mm.)

Trípode (nunca un armatoste, los hay pequeñitos y muy manejables)

Baterías (y el cargador)

Tarjetas de memoria (siempre es mejor dos de 16GB que una sola de 32GB. Si le pasa algo a una, tenemos la otra de colchón)

Cada cosa con su funda

Cable y portátil (si es un viaje largo no está de más que llevemos el portátil o la tableta para ir haciendo copias de seguridad de nuestras fotos)