¿Cómo edito mis fotos?

Quien te diga que para hacer un buen tratamiento fotográfico se necesita manejar Photoshop te miente.

En primer lugar, porque debemos diferenciar bien entre procesar una foto y retocarla. Procesar es, por así decirlo, adaptar el método del cuarto oscuro a la era digital. Gracias a la tecnología hemos podido conseguir en nuestras fotos lo que antes se conseguía con la química (y mucho más). Pero retocar es otro asunto, es más bien… “manipular” la foto. Es decir: quitar, poner, mover, arreglar y añadir cosas a una imagen. Es un arte en sí mismo y podemos encontrar cosas que nos dejarán perplejos de gente que sabe usarlo francamente bien.

Adobe Photoshop es un programa complejo de retoque de imagen con el que se pueden conseguir efectos impresionantes si se sabe cómo usarlo. Pero es difícil aprender y, si no tenemos paciencia o tiempo y no queremos conseguir de momento ese tipo de resultados, existen infinidad de alternativas. Además, no a todos los fotógrafos tiene por qué interesarles, eso debemos tenerlo muy claro.

El retoque fotográfico es como las cámaras. Hay que ir avanzando según nos lo pida el cuerpo. No debemos sentirnos avergonzados si al principio utilizamos programas más básicos para aplicar filtros o efectos determinados a nuestras fotos, ¡por algo se empieza!

Yo cuando comencé y hasta hace menos de lo que me gusta reconocer, usaba Picasa, un programa de Google que cataloga las fotos de nuestro ordenador y nos permite modificar el brillo, el contraste, la temperatura de color o la saturación, además de permitirnos aplicar filtros como el blanco y negro, granulado, etc.

No hay ningún problema en utilizar ese tipo de herramientas que nos ayudan, más que otra cosa, a corregir nuestros fallos de cálculo a la hora de disparar y mejorar nuestras fotos con efectos básicos.

Más adelante, podemos usar otro tipo de software más sofisticado, que nos brinda la oportunidad de modificar nuestras fotos más allá de la simple edición. Tenemos, por ejemplo, un programa que conocí cuando me compré la híbrida: Corel Paintshop pro.

Este programa es conocido popularmente como “el Photoshop para tontos” (que nadie se ofenda), ya que tiene efectos parecidos aunque es más limitado… pero es facilísimo de usar. Sin ese lío de capas, pestañas infinitas y millones de botones, podemos conseguir cosas muy decentes gracias a ese programita. Además, es mucho más barato que Photoshop.

Otro de Adobe que empecé a usar hace poco es Photoshop Lightroom, ya conocidísimo y muy usado por un gran número de fotógrafos. Podemos decir que es una versión descafeinada del Photoshop, en la que se han recopilado las funciones más usadas de este programa con una interfaz muy agradable y una usabilidad sencilla, aunque necesitaremos tiempo para adaptarnos si venimos desde abajo. Tened claro que este programa procesa, no retoca.

Fanatismos aparte, podemos explicar bien gracias a Apple la evolución en la edición fotográfica. Esta marca te ofrece de primeras iPhoto. Un programa gratuito con el que aprender a clasificar, organizar y procesar tus fotos con algunos ajustes y reajustes sencillos, muy parecido a Picasa. Nada del otro mundo, pero suficiente para alguien que está empezando a hacer sus pinitos y aprendiendo. Una vez que se nos ha quedado corto, ofrecen Aperture. Con este programa pasamos a ser pro(fessional) y se nos abre un mundo enorme y lleno de posibilidades de procesamiento fotográfico. Aperture usa las mismas bases que su hermano pequeño, por lo que es más sencillo aprender con él.

Ha sido creado para hacerle la competencia directa a otros programas, en especial a Lightroom, aunque no queda muy claro si hay o alguna vez habrá algún vencedor en esa guerra. Dicen que Aperture es más sencillo, más intuitivo y que tiene las mismas posibilidades y prestaciones que Lightroom, pero los fanáticos de Adobe defienden que Aperture es un “juguete” creado para aquellos que quieren creerse fotógrafos. No obstante, eso es lo que decían algunos usuarios de Photoshop cuando salió a la luz Lightroom y no debemos olvidar que la tecnología debe ayudarnos y que no es malo, sino todo lo contrario, que los programas que se desarrollen sean cada vez más sencillos.

Procesar una foto no debería estar al alcance de tan solo un puñado de entendidos. Y no debemos tenerle miedo al progreso… que cualquiera hoy en día tenga acceso a un buen equipo fotográfico y al material necesario para procesar sus fotos no debe hacernos desconfiar, nuestro trabajo y/o afición no corre peligro. Pero tampoco debemos olvidar que las herramientas solo ayudan, no hace milagros con nuestras imágenes.

Si bien es cierto que cada fotógrafo usa las herramientas de edición más adaptadas a su trabajo, no está de más conocerlas todas a nivel superficial para poder decidirnos. No importa si al principio usamos Picasa o iPhoto (sobre todo porque son gratuitos), seguro que nos va entrando poco a poco la curiosidad y el gusanillo nos lleva a ir aventurándonos con Lightroom, Aperture, Paintshop pro, etc. Conforme vayamos aprendiendo, más querremos saber y más podremos acercarnos a Photoshop o a cualquiera que sea el programa que queramos utilizar.

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A mí esto no me sale: el enfoque

Ya sabemos que en las cámaras, si queremos, pueden hacerlo todo prácticamente solas. Pero, ¿por qué a veces lo hacen mal? ¿Por qué dicen que es mejor que lo hagamos mejor nosotros? ¿Es mejor el modo manual que el automático? ¿El AF no sirve para nada?

El enfoque automático (AF)

Lo primero que deberíamos saber del enfoque es que existen el AF (autofocus o enfoque automático) y el MF (enfoque manual). Un error básico es pensar que el AF es el modo en que nosotros no tendremos que preocuparnos del enfoque porque la cámara ya lo hace sola. Y es un error porque el AF es un sistema inteligente, pero aún así debe ser guiado. Vamos a ver cómo se puede optimizar todo lo posible el AF:

Punto de enfoque

Cuando miramos por nuestro visor al mundo, en la mayoría de las cámaras nos vamos a encontrar con que sobre el mundo que se abre ante nuestros ojos hay algo más… una cuadrícula de puntos de enfoque.

Esta cuadrícula tiene una misión más importante de lo que podemos pensar. El enfoque automático trabaja siempre a nivel del punto de enfoque que hayamos seleccionado. Ese punto será la referencia. Según veamos necesario, elegiremos un punto u otro desde el menú y será siempre donde debamos apuntar cuando estemos tomando la foto. Cuando el AF consiga enfocar, ese punto se pondrá en rojo (siempre hay que darle tiempo para enfocar  manteniendo el disparador pulsado solo a medias).

Cuando se utiliza el AF en los 9 puntos, la cámara suele intentar seleccionar los elementos que están más cercanos y los enfoca. Seleccionando el punto de enfoque, seremos nosotros los que le diremos a la cámara a partir de dónde debe empezar a enfocar en la escena. Además, podemos enfocar a un punto y luego movernos cambiando el encuadre sin soltar el botón. Se mantendrá el punto que hemos elegido aunque hayamos modificado la vista.

Modo AF

Pero esto no es lo único. Si siempre que utilizásemos el autofocus la cámara se comportara igual, dejaríamos de utilizarlo. Hay que conocer otra función que en muchas ocasiones nos será de muchísima ayuda, que también podemos configurar a nuestro gusto: los modos AF. Al igual que con los puntos de enfoque, cada fotógrafo tiene su favorito, pero está claro que cada modo tiene su función.

Normalmente nos encontraremos 3 para Canon: ONE SHOT, AI SERVO y AI FOCUS (para Nikon S, C, A)

El modo ONE SHOT (S o AF-S) es el más común. Se utiliza para escenas sin movimiento, como paisajes o retratos. A cada foto que queramos hacer le tendremos que dar un enfoque.

El modo AI SERVO (C o AF-C) es conocido como enfoque contínuo. Se emplea en escenas donde hay movimiento, en la naturaleza y para los deportes, por ejemplo. Si seguimos al elemento (habiéndolo enfocado previamente con el disparador hasta la mitad) sin levantar el dedo podemos fotografiarlo sin que pierda el punto de enfoque. Normalmente se combina con el disparo en ráfaga.

El modo AI FOCUS (A o AF-A) podríamos decir que es una combinación de los dos anteriores. Es conocido como el enfoque inteligente porque en teoría aplica el ONE SHOT en las escenas estáticas, pero el AI SERVO se activa cuando ese sujeto enfocado se mueve.

Enfoque manual

Hay en muchas ocasiones en las que el AF no nos terminará de convencer… o simplemente al intentar enfocar la rueda no para de dar vueltas y no conseguimos hacer la foto. ¿Por qué? Porque no es infinito ni omnipontente, aunque sea “inteligente” no puede saber qué es lo que nosotros queremos en cada momento o no va a ser capaz de enfocar en situaciones donde no puede encontrar un punto de enfoque aunque nosotros lo veamos muy claro. Hay objetivos más lentos, más rápidos, más ruidosos… solo tenemos que encontrar hasta dónde queremos llegar y así podremos saber cuándo cambiar del automático al manual. Aunque eso no significa que absolutamente siempre debamos usar el manual, no es ningún delito usar el AF ni muchísimo menos.

Normalmente lo cambiamos cuando vemos que “la cámara no llega”, pero hay ocasiones en las que no debemos siquiera pensarlo y tener desconectado el AF desde el primer momento:

1- En escenas poco iluminadas

2- En macro-fotografía y fotografía de aproximación

3- Cuando queramos resaltar detalles

4- Cuando necesitemos una buena profundidad de campo

5- En los retratos (siempre y cuando queramos resaltar detalles o haya poca iluminación)

6- A través de los cristales o en las superficies con varias texturas o niveles (la cámara siempre tiende a enfocar lo que tiene más cerca)

7- Con elementos muy rápidos

8- Si no tenemos estabilizador (si tenemos mal pulso o si lo que queremos sacar está demasiado lejos y no tenemos dónde apoyarnos)

Otras opciones: modo A-DEP

Dentro del dial de control en la parte superior de la cámara tenemos todos los modos en los que podemos disparar (manual, automático, programa, etc.). Y entre ellos se encuentra el modo A-DEP (en Canon, desconozco si Nikon cuenta con este modo y su nombre. Por lo que he leído solamente Canon lo tiene)

Con este modo podemos eliminar la profundidad de campo cuando queremos fotografiar una escena en la que los distintos elementos se encuentran a distancias considerables. Si nosotros queremos que en la foto se vean todos dentro de la misma profundidad, podemos hacerlo con A-DEP. Esto podríamos hacerlo en el modo manual, o usando el modo de prioridad de apertura (que veremos más adelante), pero si somos poco experimentados o tenemos prisa es muy buena opción.

¿¿Pero ISO que es??

Ya vimos que con la velocidad de obturación y la apertura del diafragma podíamos controlar la “cantidad de luz” de nuestras fotos… es decir, la exposición. Pero hay un último factor, que no es para nada el menos importante, que influye en ella: la sensibilidad ISO. Podríamos representar la exposición a modo de pirámide, en la que cada uno de estos tres factores son una esquina de la misma.

Por así decirlo, poniéndole determinados valores al ISO, controlamos el nivel de reacción del sensor de nuestra cámara a la luz.

La sensibilidad en números

La mayoría de las cámaras nos da la opción de ajustar la sensibilidad ISO, salvo en el caso de alguna compacta, y lo más normal es que en cámaras híbridas o DSLR de gama baja encontremos valores de 100, 200, 400, 800 y 1600. Son valores que se van doblando. En el caso de famas más altas, podemos llegar a ver valores que alcanzan los 6400, 12800 o incluso los 26500.

La teoría es muy bonita, pero… ¿cómo se usa el ISO?

Esto es algo más sencillo de lo que parece. Imagina que son las 18h  estás en un parque. El ISO está a 100 y las fotografías están bien expuestas, no se ven oscuras ni grisean… pero va cayendo la tarde y las imágenes salen oscuras. Si doblamos el ISO y lo ponemos a 200, de repente vemos lo mismo, como si no hubiese oscurecido.

O que te metes en una habitación y, aunque sea de día, no hay mucha luz. Yo pienso que siempre es mejor despejar las cortinas que subir el ISO, pero si no es posible aumentamos la sensibilidad y cada vez veremos más claras las imágenes. Por lo tanto, cuanto más ISO… más “luz”.

¿Cuánto más ISO mejor?

En absoluto. El ISO es un arma de doble filo y puede llevarnos a engaño, consiguiendo que su ayuda se convierta en nuestro peor enemigo.

Como ya hemos dicho, hay otros factores que influyen en la exposición y hay que saber combinarlos. No tiene ningún sentido no aumentar la abertura pudiendo hacerlo y en su lugar tirar de ISO.

Y el por qué es sencillo: cuando mayor es el nivel de sensibilidad ISO, más riesgos corremos de que nuestra foto sufra lo que llama “ruido“. Nuestra cámara funciona igual, pero forzamos al sensor a que amplifique las señales eléctricas y crea información aleatoria e innecesaria en la imagen que hace que su calidad disminuya.

Por lo tanto, debemos aumentar la sensibilidad ISO cuando sea necesario y siempre usar la cifra más baja posible aunque las condiciones de iluminación no sean buenas. Cuando la luz es muy baja o la velocidad de obturación debe ser rápida (o cuando ocurren ambas cosas) es imposible no subir el ISO, pero siempre que podamos tomarnos nuestro tiempo en jugar con la apertura y la velocidad debemos usar menor sensibilidad posible.

 

Un ejemplo en una habitación oscura: hemos aumentado el ISO sin tocar la velocidad de obturación ni la apertura.

ISO 100

 

ISO 200

ISO 400

 

ISO 800

 

ISO 1600

30 tonterías que hacemos al principio

Seguramente hay alguna que se me escapa… pero estas son las más comunes, los errores que yo cometí y que a diario veo cometer a los demás. ¿Cuáles eran vuestras tonterías?

1. Creer que ya somos fotógrafos

Ya lo hemos dicho, el simple hecho de tener una cámara no nos convierte en profesionales. Somos fotógrafos en potencia.

2. No leer el manual de instrucciones o buscar en Internet para saber qué es o cómo funciona cada cosa

No es imprescindible leer el manual… pero no está de más. Hay muchas veces que buscamos como locos en Google para qué sirve esa función tan rara de nuestra cámara y la respuesta viene clarísima en las instrucciones.

3. Sujetar mal la cámara o llevarla sin cuidado

No sostener adecuadamente la cámara, además de provocar que las fotos no salgan tan bien como deberían, conlleva algún que otro accidente. Se nos puede resbalar y se pueden llegar a hacer mucho daño. Aún así, se nos puede escapar de las manos en alguna ocasión, por lo que hay que llevar siempre la correa atada a la muñeca o al cuello.

Además, llevándola colgada de cualquier manera es posible que suframos algún tirón o que la golpeemos contra algo. Mucha gente dice “no, no, si yo controlo mi espacio”. Sí, controlas tu espacio, pero es imposible que controlemos el entorno.

ASÍ SI

Correa enganchada en la muñeca y sujetando con las dos manos el cuerpo y el objetivo

Igual que la anterior, pero sujeta al cuello

ASÍ NO

Agarrándola de cualquier manera, teniendo la correa como un estorbo en vez de una ayuda

La postura clásica de los iniciados: una mano a cada lado y la correa colgando o en una mano

4. No saber dónde dejamos la tapa

En las cámaras compactas y las semi-profesionales la tapa del objetivo suele estar unida a la cámara… pero en las réflex no. Debemos tener cuidado y controlar siempre dónde está si no nos queremos llevar un disgusto. Está bien metérselo en el bolsillo o en la funda de la cámara, pero nunca hay que dejarlo por ahí porque lo más probable es que nos olvidemos de recogerlo cuando terminemos.

5. Recargar la batería antes de salir de casa y vaciar la tarjeta de memoria

Cuando seamos novatos nos pasará más de una vez… que no nos acordamos de poner la batería a cargar y, cuando llegamos a algún sitio, tomamos unas cuantas fotos y ¡puf! Adiós, batería. Siempre debemos comprobar su estado y recargarla antes de salir de casa. Y lo mismo ocurre con la tarjeta de memoria. Cuando tomemos fotos, debemos volcarlas en el ordenador y guardarlas bien, aunque no las vayamos a tocar aún. Si salimos de casa con la tarjeta llena y no hemos guardado esas fotos, no las podremos borrar ni tampoco tomar otras nuevas.

6. Tener una sola tarjeta de memoria ENORME en vez de una cuantas más pequeñas

Imagina que te vas de viaje y al tercer día… ¡se estropea la tarjeta! Te quedas sin las fotos que has hecho y sin las que podrías haber tomado el resto de los días. ¡Sé previsor!

7. Dejar la cámara en casa por pereza

¡Nunca! Nos vamos a arrepentir. A veces no nos queda otra que no llevarla porque no podemos, pero porque no nos apetece… nos vamos a arrepentir.

8. Hacer decenas de fotos a lo loco y no querer borrar ninguna aunque tengamos la tarjeta hasta los topes

Borrar nuestras fotos es un trabajo duro de aprender… sé que duele, pero a veces hay que saber identificar una mala fotografía. Incluso unos segundos después de haberla tomado.

9. Borrar demasiadas fotos

Tampoco nos pasemos. Hay algunas fotografías que no nos convencen, pero que luego en el pc podemos sacarles partido.

Fotografía de dummies.com

10. No hacer copia de seguridad de las fotos

¿Y si a nuestro ordenador le pasa algo? ¿Y si se nos estropea el disco duro? ¿Y si…? Siempre hay que tener nuestras fotos guardadas en más de dos sitios, por si acaso.

11. Procesarlas y guardar solo esas, sin saber dónde están las originales

Ya sea para hacer cambios más tarde, para procesarlas de otra manera, por manía… o por si alguien nos la copia o hay que demostrar que es nuestra. Conservar el original es importantísimo, no hay que borrarlo nunca por muy bien que nos haya quedado una vez procesada.

12. Creer que nunca no pasa nada si alguna foto nos ha salido un poco movida

A veces queda bonito, pero no siempre. Hay que tener mucha suerte para que podamos aprovechar una fotografía movida, pero normalmente deberíamos comprobarlo, pararnos e intentar hacerla de nuevo.

13. Disparar primero, preguntar después

Disparar sin pensar al principio está bien. Las casualidades existen y hay muchas fotos que salen bien por suerte, accidente o como queramos llamarlo… pero comprobaremos que, a la larga, nuestro trabajo mejora cuando nos paramos a pensar a qué queremos hacerle la foto y cómo deberíamos hacerla.

14. Descuidar el enfoque y no preocuparnos por la diferencia entre el manual y el automático.

No nos paramos a mirar qué es lo que ha enfocado nuestra cámara o descartamos fotos porque el AF no es capaz de enfocar algo, sin pensar siquiera en que manualmente sí podremos.

15. Usar el flash integrado en la oscuridad

Los flashes integrados en las cámaras suelen ser bastante limitados. No suelen tener un alcance más allá de los 4 metros y normalmente, en la oscuridad, veremos el suelo iluminado y el resto de la foto oscura. Suele provocar el efecto de los ojos rojos y las fotos son muy opacas. Nada que no se pueda arreglar con un trípode o con un flash externo potente.

16. No atender al ISO y sustituirlo con el automático + flash

El ISO está para algo, amigos. Más adelante lo explicaremos bien, pero de primeras debemos saber que, aumentando la sensibilidad ISO, podemos captar más luz.

17. Creer que + megapixeles = + calidad

Para que nos entendamos, los megapíxeles son una medida de tamaño. Es la forma en la que se numera la resolución o mejor dicho… el tamaño en que podemos imprimir o ver en el ordenador una fotografía sin que pierda calidad. Cuantos más megapíxeles, más la podremos ampliar.

“La cámara de mi móvil tiene más megapíxeles que la tuya, es mejor”. Ehm… no necesariamente. Si bien es verdad que la cantidad de megapíxeles es un factor condicionante, no es determinante. Con los mismos megapíxeles, la cámara de un teléfono móvil hace fotos “peores” que una cámara digital… y esto es porque no solo los megapíxeles son lo importante, también hay que tener en cuenta la óptica que usemos y el sensor y el procesador de nuestra cámara.

Fotografía de Microsiervos.com

18. Pasar olímpicamente de las reglas de composición

Que vale, que tú quieres darles otra perspectiva porque te parece que eres lo más original y visionario del universo… pero es que para romper las reglas hay que saber antes cuáles son.

19. No fijarse en lo que hay en el fondo de la foto

Muchas veces tenemos una foto que nos parece perfecta, genial, una obra de arte. Y cuando la abrimos en el ordenador… ¡espera! Madre mía, resulta que hay un cable enorme que corta la fotografía, un señor en medio que no podemos quitar, un gesto extraño o que ha pasado alguien por detrás y resulta que nuestra modelo tiene dos barbillas. Puede pasar cualquier cosa, por lo que debemos comprobar nuestras fotos y hacer zoom en la pantalla de la cámara para comprobar que no hay nada raro. Al igual que cuando están movidas, no nos cuesta nada pararnos y hacerlas otra vez, no nos vamos a arrepentir.

 20. Disparar solo en JPEG
Esto también es normal. No tiene ningún sentido disparar en RAW si no sabemos nada de edición y procesamiento fotográfico o no tenemos intención de saberlo. Ya analizaremos con profundidad la diferencia entre RAW y JPEG, pero no nos preocupemos de momento, ¡siempre hay tiempo de cambiar!

21. No controlar las horas a las que es mejor hacer fotos

Más de una vez nos ocurrirá también que visitamos un parque del que hemos visto fotos preciosas y a nosotros nos salen mal, pero no conseguimos identificar qué es lo que falla. Suele ser la luz, esa gran enemiga del fotógrafo amateur. No es lo mismo hacer una foto a las 10 de la mañana o a las 18 de la tarde que a las 15h. Cuando el sol está muy alto la luz y las sombras son duras, mientras que por la mañana o al atardecer es más suave.

En fotografía hay un término en el ámbito de la iluminación natural, “la hora azul” (justo después del amanecer) y la “hora dorada” (al atardecer). Son dos momentos en el día en los que las condiciones de luz y de temperatura del color son ideales: agradables, suaves, difusos y poco agresivos. Podemos informarnos de cuándo se dan en cualquier punto del planeta y aprovecharlos. Un sitio muy recomendable es Golden Hour.

22. Pensar que el tiempo puede condicionar tu fotografía

“Hoy llueve, no salgo”. ¿Y por qué no? Podemos obtener fotografías diferentes y originales cuando llueve, en las tormentas o cuando hace mucho calor (¡las calles estarán desiertas, ¡solo para nosotros!). Siempre y cuando protejamos nuestro equipo, no pasa nada.

23. Abusar de los efectos (b&n, hdr…)

Esto es un fallo, pero no está de más. Cuando descubrimos un nuevo efecto, siempre lo usamos hasta la saciedad. Yo lo llamo fases, como la fase b&n, la fase viñeteado, la fase HDR… ¡Hay que probar! Luego nos daremos cuenta que no hace falta que todas las fotos lleven los mismos efectos, que cada una nos pedirá el que necesita.

24. Querer proteger tanto nuestra foto con la firma que no se vea

Esto es un clásico. No está mal añadirle tu firma o una marca de agua a la foto cuando la cuelgas en Internet… pero no nos pasemos. Con un poquito es suficiente, pues si tapamos la fotografía la gente solo sabrá que el archivo es nuestro y no podrá apreciar qué es lo que está viendo.

25. Ofendernos cuando nos critican en vez de aceptarlo, contrastarlo y aprender

No hay mucho que añadir. Cuando alguien nos indique que estamos haciendo algo mal, no seamos orgullosos. Aceptémoslo y cambiémoslo. Pero no de primeras, porque no siempre los demás tienen razón. Muchas veces debemos sonreír y correr hacia un amigo fotógrafo, un experto o nuestro ordenador para buscar si es cierto o no lo que nos han dicho y cambiarlo si se da el caso.

26. Comprar equipo sin mirar en Internet gente que lo tenga y resultados que ofrece

De cada cosa que queramos o necesitemos, encontraremos infinidad de reseñas, valoraciones, pruebas y opiniones de usuarios que ya lo han comprado o probado antes que nosotros. Antes de gastarnos el dinero, debemos hacer un poco de trabajo de investigación para no llevarnos chascos, ya que los vendedores siempre nos lo ofrecerán todo como algo revolucionario, buenísimo y potente.

Si queremos saber, por ejemplo, si un objetivo que hemos estado mirando vale la pena, es tan sencillo como poner su nombre en Google para comprobar la experiencia de otros usuarios… ¡además de que podemos ver las fotos que ellos han sido capaces de hacer con él!

27. Creer que necesitamos mil cosas para hacer una buena fotografía

Nada. Para la mayoría de nuestras fotos con tener dos manos, dos ojos y una cámara será suficiente.

28. Tirar de zoom en vez de acercarnos

Mejor dar un par de pasos que darle al zoom… siempre. A no ser que lo que queramos sacar esté demasiado lejos o muy alto, claro.

29. Fotografiar estando tensos

Relájate, no te juegas nada. La fotografía puede ser muchas cosas: un hobby, un arte, un trabajo… pero para nada es algo sobrio. Si alguien es fotógrafo (en potencia), lo es porque disfruta con lo que hace. Debemos estar tranquilos y cómodos, haciéndolo de la manera más natural posible y sin prisas. Si estamos tensos o nerviosos no lo haremos bien (y además es perjudicial en caso de que estemos haciendo retratos, pues los modelos se pondrán más nerviosos aún).

30. No tirarse al suelo o subirse a los árboles

Esto es imperdonable. Siempre hay que buscar la mejor perspectiva para nuestras fotos. Es inconcebible un fotógrafo que no quiere agacharse o tumbarse en el suelo para no marcharse la ropa o que no se sube a algún sitio por miedo a caerse. El ansia por hacerlo bien tiene que pesarnos más que el miedo o los prejuicios, siempre y cuando seamos precavidos.

Un fotógrafo subido a un andamio en Sol (¡con la correa bien sujeta al cuello!)

Mi cámara pt6. Cámara réflex digital de gama alta

La cámara de las cámaras, la máquina de la fotografía por excelencia. Es de esas que estamos acostumbrados a ver en la tele en manos de los fotoperiodistas o de los profesionales que hacen reportajes de boda, books de modelos, etc., pero muy pocas veces por la calle.

Esto se debe al precio, no nos engañemos. Aunque sea muy complejo usarlas para alguien sin experiencia fotográfica, si fuesen más baratas todo el mundo tendría una y dispararía en modo automático, flipando con la calidad aparente que tendrían sus fotos de recuerdo de las vacaciones de Torrelodones.

Por desgracia, suelo ver por las redes sociales fotografías de gente que tiene cámaras así y que, como están aprendiendo, las hacen en modo automático y las retocan con poco conocimiento, normalmente con software básico como Picasa o iPhoto… y parece que las hacen con la Blackberry en vez de con estas grandes herramientas. Son fotos pixeladas, con una saturación y una iluminación pésimas, faltas de contraste y erróneamente compuestas. Es una verdadera pena ver fotografías de novato con estas cámaras… como obligar a Pavarotti a cantar un tema de Pitbull.

Imagen perteneciente a http://www.pixiq.com

¿Por qué no queremos una cámara así?

  • Porque es cara y un simple aficionado no la amortiza.
  • Porque son cámaras pensadas para profesionales.
  • Son más un instrumento de trabajo que un hobby.
  • Porque no es el momento, tiene demasiadas funciones que no sabríamos usar. Estas cámaras requieren mucha experiencia.
  • Pesan demasiado como para usarlas solamente para retratar momentos de nuestros viajes o paseos.
  • Porque cada vez que usas una máquina así en modo automático, muere un gatito.

¿Por qué queremos una cámara así?

  • Son lo más de lo más.
  • Nos permiten un uso profesional completo.
  • El nivel de ISO llega a cifras impresionantes.
  • Si el AF de la gama media triplica en calidad el de la gama baja, podemos hacernos una idea…
  • El disparo en ráfaga deja boquiabierto a cualquiera
  • Porque soportan condiciones extremas, temperaturas y ambientes poco propicios, tienen un chasis más que robusto y el sistema de sellado la protege de la suciedad, el polvo y la humedad.
  • Puedes pasar a RAW con solo pulsar un botoncito.
  • El video HD tiene una calidad excelente.
  • Por sus comandos, memoria, resolución, pantalla… y un larguísimo etcétera.
Sigo diciendo que no es imposible comenzar con una cámara de alta gama como una Canon Eos 5d o una Nikon D800, aunque me gustaría mucho ver buenos resultados de esas cámaras en manos de un novato autodidacta. Ya ni hablemos de modelos como la  Canon Eos 1D o la Nikon D3s… Y si por la razón que sea hemos ido a dar con una cámara de gama alta… busquemos ayuda como clases, cursos, etc. Siendo autodidactas rara vez nos irá bien y se nos quedará más que grande.
Como hemos mencionado, la cámara no convierte al fotógrafo e irse a por la más cara no nos va a dar buenos resultados por arte de magia, probablemente lo contrario. ¿Que nos conformamos con lo que la cámara “nos hace” en modo automático, sin saber enfocar y haciendo las fotos de cualquier manera sin tener unas nociones mínimas de composición o iluminación? Estupendo, pero para eso no desembolsemos una pasta tan gansa y no malgastemos la potencia de una herramienta profesional de esa manera. Compremos una cámara réflex de gama baja.