El apetito de fotografía

Hace tiempo decíamos que es importante que nunca te aburras en casa. Hablábamos sobre lo importante que es la práctica y todo lo que nos puede ayudar en muchas ocasiones practicar en casa cuando no vamos a salir a la calle. Y en casa no solo encontramos cartas, juguetes, libros, etc. También hay comida.

Y es que la comida es un recurso muy bueno para fotografíar, da mucho juego y podemos aprender mucho sobre enfoque, profundidad de campo o composición… Además podemos practicar con las series haciendo nosotros mismos una receta, desde que están los productos crudos hasta que el plato está preparado, con su correspondiente proceso.

Os enseño un par de fotografías de mi blog de foto recetas:

En la fotografía también hay reglas

En muchas ocasiones vemos algo raro a nuestra fotografía… pero, ¿qué es? El enfoque es correcto, los colores son buenos, no está sobreexpuesta ni subexpuesta… pero la seguimos viendo rara aún así, ¿¿qué le pasa??

La fotografía no es solo mirar, disparar y “lo que salga”, sino que también se rige por una serie de reglas universales llamadas “reglas de composición“. Son muchas y diferentes según con quién hablemos, pero existen algunas más importantes y esenciales a la hora de componer en fotografía. De hecho, nos daremos cuenta que no solo se aplican en las fotos, sino que en el mundo audiovisual, en el dibujo, el diseño, etc. están también muy presentes.

No tiene tanto que ver con la fotografía sino con la manera que tiene nuestro cerebro de procesar las imágenes que vemos. Por eso le vemos algo raro a una foto que está mal compuesta, porque a nuestro ojo hay algo que le suena “raro”, como si tuviésemos delante un libro escrito de derecha a izquierda o de abajo a arriba.

-El punto de interés

¿Qué sentido tiene una foto si no sabemos dónde mirar? ¿Y si miramos una imagen y no sabemos quién es el protagonista? ¿O no vemos a un lobo porque hay decenas de árboles delante? ¿O el músico callejero no tiene cuerpo porque hay una farola delante?

Esto no significa que tengamos que colocar a la persona protagonista o al objeto/animal/insecto, etc. luciendo en mitad de la foto o que solamente salga enorme ocupando toda la imagen, sino que debemos conseguir que la mirada se dirija hacia lo que nosotros veíamos en el momento de disparar sin distraerse con otras cosas. A veces, con simplemente  pensar antes de enfocar es suficiente.

-La dirección y el flujo

En una imagen, la mirada siempre se dirige de una parte a otra de la foto, como hacemos al leer (de arriba a abajo, de izquierda a derecha). A la dirección de la mirada se le llama flujo y el fotógrafo puede dirigirlo a su gusto con la ayuda de algunos recursos como la utilización de líneas (hacia arriba, hacia abajo, hacia los lados, diagonalmente…), de elementos que destaquen por encima de otros o la ilusión de movimiento que provoca establecer una dirección.

El corredor no solo marca la dirección, sino que también crea sensación de movimiento

Esta sensación es ilusoria porque, como todos ya sabemos, la fotografía es la captura de imágenes estáticas… entonces, ¿cómo puedo hacer que se sienta el movimiento? Con un dibujo se puede, ¡prueba a hacerlo con una foto!

-La gestión del espacio negativo y el relleno de encuadre

Fill the frame (rellenar el encuadre) es una de las reglas más importante y en la que más solemos fallar al principio aunque parezca de las más obvias. Tiene mucho que ver con el punto de atención de nuestra foto… ¿por qué íbamos a ocupar poco espacio en nuestra foto con lo que más nos interesa? Esto quiere decir que, cuanto más “grande”, mejor (a no ser que queramos resaltar que algo es inmensamente pequeño).

Nunca debemos intentar sacar demasiadas cosas en nuestra foto, mejor siete imágenes diferentes que una sola donde no diferenciemos nada.

Saber gestionar el espacio negativo es de suma importancia debido a que no tendremos que enfrentarnos a él en la inmensa mayoría de nuestras fotos, pero sí que está relacionado con reglas de composición tan importantes como el relleno de encuadre y la regla de los tercios.

¿Qué es el espacio negativo? Es un término adquirido del dibujo con el que denominamos a aquel espacio de la imagen que se encuentra vacío. Creamos un espacio vacío (negro, blanco o de cualquier color, a cualquiera de los dos lados del elemento central) para rellenar el resto de la fotografía.

-La repetición

Hay muchas veces que un solo elemento en toda la fotografía (como por ejemplo un globo rojo en mitad del cielo) es lo que estamos buscando… pero en otras ocasiones podemos encontrarle el sentido a nuestra foto en la pura repetición de elementos.

-El número tres

Una de las reglas que más me sorprendió al aprenderla fue la regla de los grupos de tres o la regla de los números impares… ¡porque lo hacemos sin darnos cuenta! En la fotografía hay una tendencia a decantarse por los números impares, sobre todo por los grupos de tres objetos/elementos.

Por así decirlo, inconscientemente huimos de lo que está equilibrado en exceso (como pueden ser los números pares) y apostamos más por los tríos o por las figuras únicas que por las parejas o los grupos de cuatro.

-Las dimensiones

Aunque nosotros vemos en el mundo real tanto la escena principal como el fondo, la fotografía no es en tridimensional. Por eso es tan importante definir un frente y un fondo y conseguir que la foto no sea plana.

Uno de los recursos que más nos ayudará es la profundidad de campo, que permite diferenciar con bastante fuerza lo que hay por delante y por detrás de nuestro punto de atención.

-Los colores

B&n y color aparte… la cromoterapia es importante hasta el punto de que la combinación de colores rige nuestra vida de tal forma que hasta condiciona la ropa que nos ponemos. Hay colores que pegan o no pegan y colores que, según se combinen de una manera u otra, transmiten diferentes sensaciones.

Existen los colores fríos (azul, verde, morado…) y cálidos (rojo, amarillo, naranja…) que se encuentran ligados a factores psicológicos que nos hacen asociarlos con diferentes situaciones y sentimientos. La psicología del color es muy estudiada en el ámbito audiovisual, pero sobre todo en la publicidad, para la que la imagen es esencial.

En resumen, el color es importante porque, con él, podremos transmitir diferentes cosas con nuestra foto.

-El marco natural

Un recurso que nos puede ayudar a crear un punto de interés claro es el enmarcado natural. Podemos usar desde marcos de verdad (puertas, ventanas, agujeros…) como marcos orientativos como ramas, puentes, el hombro de la gente que hay delante…

-La regla de los tercios

Para mí es, sino la más importante, una de las más relevantes y a la que más atención debemos prestarle cuando hagamos fotografías. Tal y como la regla del número tres, nos daremos cuenta de que solemos seguir la regla de los tercios sin darnos cuenta. Todos hemos oído hablar de ella aunque no sepamos lo que es o no nos quede realmente claro en qué consiste… pero una vez la entendamos veremos cómo el aplicarla cambia totalmente nuestras fotos.

La regla de los tercios deriva de la proporción áurea. Se dice que, si dividimos cualquier cuadro de un museo en cuadrículas iguales de 3×3, las intersecciones de esas cuadrículas marcan los puntos de interés. Los elementos más importantes de las obras de arte se encuentran sobre esas intersecciones.

Con la regla de los tercios ocurre lo mismo: dividimos la imagen en tres tercios y los cuatro puntos de intersección serán los que marquen los puntos de interés de la foto fuera del centro. A estos puntos se les conoce como puntos fuertes.

Al principio nos costará identificar esos puntos fuertes en las imágenes que tenemos ante nuestros ojos, pero acabaremos haciéndolo inconscientemente. No obstante, muchas cámaras traen ya una rejilla en la pantalla de previsualización o incluyen guías en el visor.

Podemos encontrar una explicación fantástica aquí.

Existen más reglas de composición en la fotografía, por supuesto, pero estas son las que yo considero más relevantes y que un fotógrafo en potencia debe conocer primero. Son reglas que debemos intentar aprender e interiorizar para poder aplicarlas y empezar a mejorar nuestras fotos.
¿Siempre hay que seguirlas? Pues no, las reglas están para romperse… pero desde luego no podemos pretender hacerlo sin conocerlas previamente. Para hacer algo mal y que nos salga bien lo primero es saber qué se está haciendo.

¿Qué estoy haciendo mal?: los errores más comunes en fotografía

Lo más normal cuando empezamos a ser fotógrafos en potencia es que nos creamos que lo hacemos todo bien porque la cámara “lo hace sola” y nuestros amigos y familiares van a ver todo lo que hacemos bonito… pero no es así. Cuando llevemos un tiempo haciendo fotos y echemos un vistazo a lo que hacíamos al principio probablemente nos horroricemos. Pero lo más importante para empezar a mejorar es saber exactamente qué es lo que les pasa a nuestras fotos para empezar a solucionarlo cuanto antes.

Anteriormente hablamos de las 30 tonterías que hacemos todos al principio, pero también debemos tener en cuenta ciertos errores que van más allá de nuestro comportamiento. Son errores visibles en nuestras fotos, fruto del desconocimiento, que dejan de aparecer en cuanto leemos un poquito sobre fotografía y ojeamos el manual de instrucciones de la cámara.

No saber usar la luz

Ya lo hemos dicho: la fotografía está basada en la luz. Por eso será nuestra mejor amiga si sabemos tratarla, pero también puede ser nuestra peor enemiga si no sabemos nada de ella. Comprobaremos como, tras estudiarla, comprenderla y probar con ella, acabaremos siendo capaces también de controlarla.

Los fallos más comunes que provoca el no saber usar la luz son:

-La trepidación

“Esta foto me ha salido movida”, solemos decir… y es que en situaciones con poca luz debemos haber leído un poco sobre la velocidad de obturación y la apertura. Si lo hemos hecho ya sabremos que, a cuanta menos luz, más abierto debe estar el obturador. Y cuanto más abierto, mejor será una velocidad más reducida. Para hacer fotos así, necesitaremos apoyar la cámara en alguna superficie o usar un trípode… porque, a no ser que tengamos un pulso de acero, el más mínimo movimiento provocará que la foto salga con trepidación.

 -Los ojos rojos

Está claro, ya lo sabemos todos: el flash de las cámaras provoca ojos rojos. ¿Por qué? Porque la luz se refleja, sin más. Es cierto que la mayoría de los software de edición incluyen actualmente una herramienta de eliminación de ojos rojos, pero es mejor no tener que recurrir a ella y evitarlo nosotros mismos en el momento de la foto.

El mejor consejo que puedo dar para evitarlo es: no usar flash. Siempre debemos buscar la luz (mejor aún si es natural, claro) antes que tirar de flash. Si no es posible o no tenemos trípode para aprovechar la luz que tenemos, lo mejor es evitar disparar frontalmente sin alejarnos ni acercarnos demasiado.

-Sobreexposición y subexposición

Si no sabemos regular la exposición según el lugar y el momento en el que nos encontremos, haremos fotos que salgan muy oscuras o demasiado claras. ¡Mejor subir un poco el ISO y cambiar la apertura y la velocidad que tirar de automático y pegar un flashazo!

-Colores raros

 No es cierto que haya momentos mejorespeores en el día para tomar fotos… pero sí es verdad que los hay más óptimos o “fáciles”. La luz demasiado intensa suele frustrar nuestros intentos de tomar una foto casi tanto como la falta de luz. Una forma de encontrar buena iluminación en exteriores es esperar a las horas doradas, en las que no hay ni mucha ni poca luz.

En interiores hay que evitar en lo posible las bombillas, flexos, etc. Ya lo hemos comentado: si puedes aprovechar las ventanas déjate de encender luces o flashes. Evitarás que tus fotos sean de colores indeseados.

No saber componer

Debemos tener muy claro que, por mucha técnica que utilicemos, si la foto falla en la composición podemos tirarla a la papelera. Aunque la luz esté perfectamente medida, la apertura y la velocidad hayan sido las adecuadas y el enfoque sea impecable, no servirá de nada porque la composición es lo que hace que nos entre por el ojo.

No solamente por el factor creativo y artístico, sino porque nuestro cerebro procesa las imágenes impresas de cierta manera y cuando los ojos ven algo distinto notan que algo extraño pasa. Igual que cuando leemos: hemos aprendido a leer de arriba a abajo, de izquierda a derecha, ¿qué pasaría si viésemos un libro escrito al revés?

Más adelante analizaremos las reglas de composición, pero podemos ver algunos de los peores fallos que cometemos si no hemos leído acerca de la composición fotográfica y no hemos educado a nuestro ojo consumiendo un número considerable de imágenes (un ejercicio que deberíamos hacer cada día y que no tendremos ni que proponérnoslo si de verdad nos gusta la fotografía y estamos en alguna red social). Ya lo hemos dicho, de los demás se aprende muchísimo.

-La fotografía no tiene ningún punto de interés

Nosotros hemos hecho la foto y sabemos de sobra qué es lo que estábamos mirando… pero la mayoría de las veces quien la observa no, porque hemos metido más de lo que deberíamos en el plano (ya sea gente, objetos o edificios). Siempre debemos centrar la atención de quien mira, ya sea utilizando la profundidad de campo, los marcos, los fondos que resalten al sujeto, etc.

No vemos al gato de tantas cosas que hay

-La foto tiene algo muy raro

“Por más que la miro, veo algo raro… y no sé qué es”. Claro, está mal compuesta. Cuando sabemos del tema son errores que se detectan muy rápido, pero si no, cuesta bastante. Puede pasarnos desde que nos saltemos a la torera la regla de los tercios (que en ocasiones podemos hacerlo, pero siempre hay que conocerla previamente para violarla), que no hayamos sabido gestionar el aire o espacio negativo en la escena o que no sepamos cómo dirigir la perspectiva con la mirada de quien sale en la foto o las líneas que aparecen en ella.

 -Maestros del recorte

Esto siempre pasa cuando empezamos porque nunca sabemos si usar zoom o cuándo debemos hacerlo. Siempre es mejor acercarse o alejarse que usar el zoom. ¿Que mi madre está sentada y no sabe en el plano? ¡Pues no le cortes la frente, da dos pasos hacia atrás! Siempre es mejor no hacer una foto que hacerla mal.

-La perspectiva

La perspectiva es una de las partes más elocuentes de la fotografía. Si vas a hacerle una foto a un niño, siempre es mejor ponerse a su altura que sacarlo desde arriba. Si sacamos un gran edificio, preferiremos colocarnos debajo y hacerlo desde abajo (contrapicado). Un pequeño insecto mejor desde arriba (picado)… ¿Por qué?

Porque los edificios desde abajo provocan una sensación de enormidad, los insectos parecen más pequeñitos desde arriba y una foto frontal de un niño normalmente nos transportará a su altura, como si fuésemos otro niño que lo mira. Los caminos siempre parecen más largos si se siguen de abajo a arriba y más aún si los sacamos desde el propio suelo y no veremos un lago igual si lo sacamos con una altura de dos metros que con una de diez.

Desenf… que no: Profundidad de campo

Muchas veces habremos visto una fotografía donde vemos una parte o un elemento perfectamente nítido y el resto de la foto desenfocada. Podemos pensar que es, simplemente, desenfoque selectivo… pero la profundidad de campo es un término algo más complejo que todo eso.

Este término es utilizado en el lenguaje fotográfico para referirnos al “espacio por delante y por detrás del plano enfocado, comprendido entre el primer y el último punto apreciablemente nítido reproducidos en el mismo plano de enfoque.” Hablando claro… la distancia focal en una foto sería la zona que se ve nítida.

Tendemos a pensar que la profundidad de campo solamente depende del enfoque, pero realmente no es así… no es simplemente un efecto, es en sí un recurso de composición que nos ayuda a destacar elementos o partes de nuestras fotos, a darles más importancia, a mostrar niveles que a simple vista no se ven…

¿Y cómo la consigo?

Lo primero a tener en cuenta es la apertura del objetivo. Cuanto menor sea la apertura (cuanto más cerrado esté), la profundidad de campo será mayor. Por lo tanto, cuanto mayor número f usemos, la zona nítida será más amplia.

En segundo lugar, debemos tener en cuenta la distancia a la que nos encontramos del sujeto o elemento al que le estamos haciendo la foto. Simplemente porque, cuanto más cerca estemos, menos será la profundidad de campo y menos destacará el elemento porque será muy poco lo que podamos ver por delante y detrás de él.

Y en tercer lugar, la distancia focal. Cuanto menor es la distancia focal de nuestro objetivo, mayor será la profundidad de campo. Por ejemplo, si hacemos zoom, estamos aumentando la distancia focal. Es decir, que si estamos ante tres flores y hacemos una foto y luego “ampliamos” la escena acercándonos con el zoom… es más fácil conseguir que una de ellas esté más nítida y destacada que las demás.

30 tonterías que hacemos al principio

Seguramente hay alguna que se me escapa… pero estas son las más comunes, los errores que yo cometí y que a diario veo cometer a los demás. ¿Cuáles eran vuestras tonterías?

1. Creer que ya somos fotógrafos

Ya lo hemos dicho, el simple hecho de tener una cámara no nos convierte en profesionales. Somos fotógrafos en potencia.

2. No leer el manual de instrucciones o buscar en Internet para saber qué es o cómo funciona cada cosa

No es imprescindible leer el manual… pero no está de más. Hay muchas veces que buscamos como locos en Google para qué sirve esa función tan rara de nuestra cámara y la respuesta viene clarísima en las instrucciones.

3. Sujetar mal la cámara o llevarla sin cuidado

No sostener adecuadamente la cámara, además de provocar que las fotos no salgan tan bien como deberían, conlleva algún que otro accidente. Se nos puede resbalar y se pueden llegar a hacer mucho daño. Aún así, se nos puede escapar de las manos en alguna ocasión, por lo que hay que llevar siempre la correa atada a la muñeca o al cuello.

Además, llevándola colgada de cualquier manera es posible que suframos algún tirón o que la golpeemos contra algo. Mucha gente dice “no, no, si yo controlo mi espacio”. Sí, controlas tu espacio, pero es imposible que controlemos el entorno.

ASÍ SI

Correa enganchada en la muñeca y sujetando con las dos manos el cuerpo y el objetivo

Igual que la anterior, pero sujeta al cuello

ASÍ NO

Agarrándola de cualquier manera, teniendo la correa como un estorbo en vez de una ayuda

La postura clásica de los iniciados: una mano a cada lado y la correa colgando o en una mano

4. No saber dónde dejamos la tapa

En las cámaras compactas y las semi-profesionales la tapa del objetivo suele estar unida a la cámara… pero en las réflex no. Debemos tener cuidado y controlar siempre dónde está si no nos queremos llevar un disgusto. Está bien metérselo en el bolsillo o en la funda de la cámara, pero nunca hay que dejarlo por ahí porque lo más probable es que nos olvidemos de recogerlo cuando terminemos.

5. Recargar la batería antes de salir de casa y vaciar la tarjeta de memoria

Cuando seamos novatos nos pasará más de una vez… que no nos acordamos de poner la batería a cargar y, cuando llegamos a algún sitio, tomamos unas cuantas fotos y ¡puf! Adiós, batería. Siempre debemos comprobar su estado y recargarla antes de salir de casa. Y lo mismo ocurre con la tarjeta de memoria. Cuando tomemos fotos, debemos volcarlas en el ordenador y guardarlas bien, aunque no las vayamos a tocar aún. Si salimos de casa con la tarjeta llena y no hemos guardado esas fotos, no las podremos borrar ni tampoco tomar otras nuevas.

6. Tener una sola tarjeta de memoria ENORME en vez de una cuantas más pequeñas

Imagina que te vas de viaje y al tercer día… ¡se estropea la tarjeta! Te quedas sin las fotos que has hecho y sin las que podrías haber tomado el resto de los días. ¡Sé previsor!

7. Dejar la cámara en casa por pereza

¡Nunca! Nos vamos a arrepentir. A veces no nos queda otra que no llevarla porque no podemos, pero porque no nos apetece… nos vamos a arrepentir.

8. Hacer decenas de fotos a lo loco y no querer borrar ninguna aunque tengamos la tarjeta hasta los topes

Borrar nuestras fotos es un trabajo duro de aprender… sé que duele, pero a veces hay que saber identificar una mala fotografía. Incluso unos segundos después de haberla tomado.

9. Borrar demasiadas fotos

Tampoco nos pasemos. Hay algunas fotografías que no nos convencen, pero que luego en el pc podemos sacarles partido.

Fotografía de dummies.com

10. No hacer copia de seguridad de las fotos

¿Y si a nuestro ordenador le pasa algo? ¿Y si se nos estropea el disco duro? ¿Y si…? Siempre hay que tener nuestras fotos guardadas en más de dos sitios, por si acaso.

11. Procesarlas y guardar solo esas, sin saber dónde están las originales

Ya sea para hacer cambios más tarde, para procesarlas de otra manera, por manía… o por si alguien nos la copia o hay que demostrar que es nuestra. Conservar el original es importantísimo, no hay que borrarlo nunca por muy bien que nos haya quedado una vez procesada.

12. Creer que nunca no pasa nada si alguna foto nos ha salido un poco movida

A veces queda bonito, pero no siempre. Hay que tener mucha suerte para que podamos aprovechar una fotografía movida, pero normalmente deberíamos comprobarlo, pararnos e intentar hacerla de nuevo.

13. Disparar primero, preguntar después

Disparar sin pensar al principio está bien. Las casualidades existen y hay muchas fotos que salen bien por suerte, accidente o como queramos llamarlo… pero comprobaremos que, a la larga, nuestro trabajo mejora cuando nos paramos a pensar a qué queremos hacerle la foto y cómo deberíamos hacerla.

14. Descuidar el enfoque y no preocuparnos por la diferencia entre el manual y el automático.

No nos paramos a mirar qué es lo que ha enfocado nuestra cámara o descartamos fotos porque el AF no es capaz de enfocar algo, sin pensar siquiera en que manualmente sí podremos.

15. Usar el flash integrado en la oscuridad

Los flashes integrados en las cámaras suelen ser bastante limitados. No suelen tener un alcance más allá de los 4 metros y normalmente, en la oscuridad, veremos el suelo iluminado y el resto de la foto oscura. Suele provocar el efecto de los ojos rojos y las fotos son muy opacas. Nada que no se pueda arreglar con un trípode o con un flash externo potente.

16. No atender al ISO y sustituirlo con el automático + flash

El ISO está para algo, amigos. Más adelante lo explicaremos bien, pero de primeras debemos saber que, aumentando la sensibilidad ISO, podemos captar más luz.

17. Creer que + megapixeles = + calidad

Para que nos entendamos, los megapíxeles son una medida de tamaño. Es la forma en la que se numera la resolución o mejor dicho… el tamaño en que podemos imprimir o ver en el ordenador una fotografía sin que pierda calidad. Cuantos más megapíxeles, más la podremos ampliar.

“La cámara de mi móvil tiene más megapíxeles que la tuya, es mejor”. Ehm… no necesariamente. Si bien es verdad que la cantidad de megapíxeles es un factor condicionante, no es determinante. Con los mismos megapíxeles, la cámara de un teléfono móvil hace fotos “peores” que una cámara digital… y esto es porque no solo los megapíxeles son lo importante, también hay que tener en cuenta la óptica que usemos y el sensor y el procesador de nuestra cámara.

Fotografía de Microsiervos.com

18. Pasar olímpicamente de las reglas de composición

Que vale, que tú quieres darles otra perspectiva porque te parece que eres lo más original y visionario del universo… pero es que para romper las reglas hay que saber antes cuáles son.

19. No fijarse en lo que hay en el fondo de la foto

Muchas veces tenemos una foto que nos parece perfecta, genial, una obra de arte. Y cuando la abrimos en el ordenador… ¡espera! Madre mía, resulta que hay un cable enorme que corta la fotografía, un señor en medio que no podemos quitar, un gesto extraño o que ha pasado alguien por detrás y resulta que nuestra modelo tiene dos barbillas. Puede pasar cualquier cosa, por lo que debemos comprobar nuestras fotos y hacer zoom en la pantalla de la cámara para comprobar que no hay nada raro. Al igual que cuando están movidas, no nos cuesta nada pararnos y hacerlas otra vez, no nos vamos a arrepentir.

 20. Disparar solo en JPEG
Esto también es normal. No tiene ningún sentido disparar en RAW si no sabemos nada de edición y procesamiento fotográfico o no tenemos intención de saberlo. Ya analizaremos con profundidad la diferencia entre RAW y JPEG, pero no nos preocupemos de momento, ¡siempre hay tiempo de cambiar!

21. No controlar las horas a las que es mejor hacer fotos

Más de una vez nos ocurrirá también que visitamos un parque del que hemos visto fotos preciosas y a nosotros nos salen mal, pero no conseguimos identificar qué es lo que falla. Suele ser la luz, esa gran enemiga del fotógrafo amateur. No es lo mismo hacer una foto a las 10 de la mañana o a las 18 de la tarde que a las 15h. Cuando el sol está muy alto la luz y las sombras son duras, mientras que por la mañana o al atardecer es más suave.

En fotografía hay un término en el ámbito de la iluminación natural, “la hora azul” (justo después del amanecer) y la “hora dorada” (al atardecer). Son dos momentos en el día en los que las condiciones de luz y de temperatura del color son ideales: agradables, suaves, difusos y poco agresivos. Podemos informarnos de cuándo se dan en cualquier punto del planeta y aprovecharlos. Un sitio muy recomendable es Golden Hour.

22. Pensar que el tiempo puede condicionar tu fotografía

“Hoy llueve, no salgo”. ¿Y por qué no? Podemos obtener fotografías diferentes y originales cuando llueve, en las tormentas o cuando hace mucho calor (¡las calles estarán desiertas, ¡solo para nosotros!). Siempre y cuando protejamos nuestro equipo, no pasa nada.

23. Abusar de los efectos (b&n, hdr…)

Esto es un fallo, pero no está de más. Cuando descubrimos un nuevo efecto, siempre lo usamos hasta la saciedad. Yo lo llamo fases, como la fase b&n, la fase viñeteado, la fase HDR… ¡Hay que probar! Luego nos daremos cuenta que no hace falta que todas las fotos lleven los mismos efectos, que cada una nos pedirá el que necesita.

24. Querer proteger tanto nuestra foto con la firma que no se vea

Esto es un clásico. No está mal añadirle tu firma o una marca de agua a la foto cuando la cuelgas en Internet… pero no nos pasemos. Con un poquito es suficiente, pues si tapamos la fotografía la gente solo sabrá que el archivo es nuestro y no podrá apreciar qué es lo que está viendo.

25. Ofendernos cuando nos critican en vez de aceptarlo, contrastarlo y aprender

No hay mucho que añadir. Cuando alguien nos indique que estamos haciendo algo mal, no seamos orgullosos. Aceptémoslo y cambiémoslo. Pero no de primeras, porque no siempre los demás tienen razón. Muchas veces debemos sonreír y correr hacia un amigo fotógrafo, un experto o nuestro ordenador para buscar si es cierto o no lo que nos han dicho y cambiarlo si se da el caso.

26. Comprar equipo sin mirar en Internet gente que lo tenga y resultados que ofrece

De cada cosa que queramos o necesitemos, encontraremos infinidad de reseñas, valoraciones, pruebas y opiniones de usuarios que ya lo han comprado o probado antes que nosotros. Antes de gastarnos el dinero, debemos hacer un poco de trabajo de investigación para no llevarnos chascos, ya que los vendedores siempre nos lo ofrecerán todo como algo revolucionario, buenísimo y potente.

Si queremos saber, por ejemplo, si un objetivo que hemos estado mirando vale la pena, es tan sencillo como poner su nombre en Google para comprobar la experiencia de otros usuarios… ¡además de que podemos ver las fotos que ellos han sido capaces de hacer con él!

27. Creer que necesitamos mil cosas para hacer una buena fotografía

Nada. Para la mayoría de nuestras fotos con tener dos manos, dos ojos y una cámara será suficiente.

28. Tirar de zoom en vez de acercarnos

Mejor dar un par de pasos que darle al zoom… siempre. A no ser que lo que queramos sacar esté demasiado lejos o muy alto, claro.

29. Fotografiar estando tensos

Relájate, no te juegas nada. La fotografía puede ser muchas cosas: un hobby, un arte, un trabajo… pero para nada es algo sobrio. Si alguien es fotógrafo (en potencia), lo es porque disfruta con lo que hace. Debemos estar tranquilos y cómodos, haciéndolo de la manera más natural posible y sin prisas. Si estamos tensos o nerviosos no lo haremos bien (y además es perjudicial en caso de que estemos haciendo retratos, pues los modelos se pondrán más nerviosos aún).

30. No tirarse al suelo o subirse a los árboles

Esto es imperdonable. Siempre hay que buscar la mejor perspectiva para nuestras fotos. Es inconcebible un fotógrafo que no quiere agacharse o tumbarse en el suelo para no marcharse la ropa o que no se sube a algún sitio por miedo a caerse. El ansia por hacerlo bien tiene que pesarnos más que el miedo o los prejuicios, siempre y cuando seamos precavidos.

Un fotógrafo subido a un andamio en Sol (¡con la correa bien sujeta al cuello!)