Mi cámara se viene de vacaciones

Llega el verano y nos vamos de vacaciones, antes o después, más cerca o más lejos. Pero hay muchas veces que nos preguntamos ¿me vale la pena llevarme la cámara?

Cuando hacemos turismo

¿Qué mejor oportunidad para hacer fotos que cuando salimos de nuestra ciudad? No hace falta irse a París para hacer grandes fotos, podemos aprovechar una visita a Santander, a Barcelona, a Ávila… o a cualquier pueblecito de nuestra provincia, por ejemplo.

Salamanca

Londres

Toledo

Puede que nosotros estemos más interesados por la fotografía documentativa… pero no suele ser el caso. Si lo que queremos es sacar “fotos bonitas”, hay que intentar no usar la cámara para hacer las típicas japo-fotos (es decir, fotos de personas o grupos de personas posando delante de todos los monumentos y edificios que nos encontremos) y no tener prejuicios a la hora de fotografiar. Podemos encontrar fotos incluso en el mismo hotel donde nos alojamos.

Santiago de Compostela

Trata de ir más allá y retratar la ciudad tal y como la ves.

Cuando vamos a la playa o al campo

Es una tontería no llevarse la cámara “porque pesa…”, porque abulta mucho, etc. Si de verdad vamos a querer hacer fotos, no nos va a importar llevarla encima. Y también es ridículo no llevárnosla a la playa o la montaña por miedo a que le pase algo. ¿Que una vez allí no la usas? Perfecto. Pero mejor eso que arrepentirse de no habérsela llevado.

Fuerteventura

Si tenemos cuidado, la llevamos bien agarrada y tenemos mucha precaución de que no se cuele arena o polvo, podremos conseguir buenos resultados en nuestros viajes. Es obvio que no podemos dejar que se moje o apoyarla en cualquier sitio, pero no es algo tan difícil. Eso sí, si vamos a querer bañarnos en el mar o en el río (por ejemplo) y no vamos a tener dónde dejarla a salvo… mejor no llevársela.

Fuerteventura

No debería llevármela a…

Cuando sepamos al 100% no la vamos a usar o que no vamos a poder asegurarnos de que esté bien protegida contra robos, golpes u otros accidentes… será mejor que la dejemos en casa.

Por ejemplo, como hemos dicho antes, no tiene sentido que nos la llevemos a la piscina cuando vayamos un domingo con nuestros amigos porque vamos a estar más preocupados por el equipo que por pasárnoslo bien. Otro ejemplo son los festivales de rock, en lo que nosotros sufriremos más por la seguridad de la cámara (no tanto porque nos la roben como porque la podamos mojar, golpear o perder nosotros mismos) que por cualquier otra cosa.

Para ese tipo de casos mejor llevarse una cámara compacta. Las hay buenísimas y muchos más cómodas… ¡incluso existen cámaras sumergibles!

¿Cuál es el equipo que debo llevarme de viaje?

La clave es no llevar demasiado, que no pese en exceso y no coger nada que no vayamos a usar. Lo más útil:

 

El cuerpo de la cámara

Un par de objetivos (veremos que para viajar se nos va a quedar corto, por ejemplo, un 18-55mm… pero también un 55-200mm. Mejor llevar ambos o bien un “todoterreno”- 18-200mm.)

Trípode (nunca un armatoste, los hay pequeñitos y muy manejables)

Baterías (y el cargador)

Tarjetas de memoria (siempre es mejor dos de 16GB que una sola de 32GB. Si le pasa algo a una, tenemos la otra de colchón)

Cada cosa con su funda

Cable y portátil (si es un viaje largo no está de más que llevemos el portátil o la tableta para ir haciendo copias de seguridad de nuestras fotos)