En la fotografía también hay reglas

En muchas ocasiones vemos algo raro a nuestra fotografía… pero, ¿qué es? El enfoque es correcto, los colores son buenos, no está sobreexpuesta ni subexpuesta… pero la seguimos viendo rara aún así, ¿¿qué le pasa??

La fotografía no es solo mirar, disparar y “lo que salga”, sino que también se rige por una serie de reglas universales llamadas “reglas de composición“. Son muchas y diferentes según con quién hablemos, pero existen algunas más importantes y esenciales a la hora de componer en fotografía. De hecho, nos daremos cuenta que no solo se aplican en las fotos, sino que en el mundo audiovisual, en el dibujo, el diseño, etc. están también muy presentes.

No tiene tanto que ver con la fotografía sino con la manera que tiene nuestro cerebro de procesar las imágenes que vemos. Por eso le vemos algo raro a una foto que está mal compuesta, porque a nuestro ojo hay algo que le suena “raro”, como si tuviésemos delante un libro escrito de derecha a izquierda o de abajo a arriba.

-El punto de interés

¿Qué sentido tiene una foto si no sabemos dónde mirar? ¿Y si miramos una imagen y no sabemos quién es el protagonista? ¿O no vemos a un lobo porque hay decenas de árboles delante? ¿O el músico callejero no tiene cuerpo porque hay una farola delante?

Esto no significa que tengamos que colocar a la persona protagonista o al objeto/animal/insecto, etc. luciendo en mitad de la foto o que solamente salga enorme ocupando toda la imagen, sino que debemos conseguir que la mirada se dirija hacia lo que nosotros veíamos en el momento de disparar sin distraerse con otras cosas. A veces, con simplemente  pensar antes de enfocar es suficiente.

-La dirección y el flujo

En una imagen, la mirada siempre se dirige de una parte a otra de la foto, como hacemos al leer (de arriba a abajo, de izquierda a derecha). A la dirección de la mirada se le llama flujo y el fotógrafo puede dirigirlo a su gusto con la ayuda de algunos recursos como la utilización de líneas (hacia arriba, hacia abajo, hacia los lados, diagonalmente…), de elementos que destaquen por encima de otros o la ilusión de movimiento que provoca establecer una dirección.

El corredor no solo marca la dirección, sino que también crea sensación de movimiento

Esta sensación es ilusoria porque, como todos ya sabemos, la fotografía es la captura de imágenes estáticas… entonces, ¿cómo puedo hacer que se sienta el movimiento? Con un dibujo se puede, ¡prueba a hacerlo con una foto!

-La gestión del espacio negativo y el relleno de encuadre

Fill the frame (rellenar el encuadre) es una de las reglas más importante y en la que más solemos fallar al principio aunque parezca de las más obvias. Tiene mucho que ver con el punto de atención de nuestra foto… ¿por qué íbamos a ocupar poco espacio en nuestra foto con lo que más nos interesa? Esto quiere decir que, cuanto más “grande”, mejor (a no ser que queramos resaltar que algo es inmensamente pequeño).

Nunca debemos intentar sacar demasiadas cosas en nuestra foto, mejor siete imágenes diferentes que una sola donde no diferenciemos nada.

Saber gestionar el espacio negativo es de suma importancia debido a que no tendremos que enfrentarnos a él en la inmensa mayoría de nuestras fotos, pero sí que está relacionado con reglas de composición tan importantes como el relleno de encuadre y la regla de los tercios.

¿Qué es el espacio negativo? Es un término adquirido del dibujo con el que denominamos a aquel espacio de la imagen que se encuentra vacío. Creamos un espacio vacío (negro, blanco o de cualquier color, a cualquiera de los dos lados del elemento central) para rellenar el resto de la fotografía.

-La repetición

Hay muchas veces que un solo elemento en toda la fotografía (como por ejemplo un globo rojo en mitad del cielo) es lo que estamos buscando… pero en otras ocasiones podemos encontrarle el sentido a nuestra foto en la pura repetición de elementos.

-El número tres

Una de las reglas que más me sorprendió al aprenderla fue la regla de los grupos de tres o la regla de los números impares… ¡porque lo hacemos sin darnos cuenta! En la fotografía hay una tendencia a decantarse por los números impares, sobre todo por los grupos de tres objetos/elementos.

Por así decirlo, inconscientemente huimos de lo que está equilibrado en exceso (como pueden ser los números pares) y apostamos más por los tríos o por las figuras únicas que por las parejas o los grupos de cuatro.

-Las dimensiones

Aunque nosotros vemos en el mundo real tanto la escena principal como el fondo, la fotografía no es en tridimensional. Por eso es tan importante definir un frente y un fondo y conseguir que la foto no sea plana.

Uno de los recursos que más nos ayudará es la profundidad de campo, que permite diferenciar con bastante fuerza lo que hay por delante y por detrás de nuestro punto de atención.

-Los colores

B&n y color aparte… la cromoterapia es importante hasta el punto de que la combinación de colores rige nuestra vida de tal forma que hasta condiciona la ropa que nos ponemos. Hay colores que pegan o no pegan y colores que, según se combinen de una manera u otra, transmiten diferentes sensaciones.

Existen los colores fríos (azul, verde, morado…) y cálidos (rojo, amarillo, naranja…) que se encuentran ligados a factores psicológicos que nos hacen asociarlos con diferentes situaciones y sentimientos. La psicología del color es muy estudiada en el ámbito audiovisual, pero sobre todo en la publicidad, para la que la imagen es esencial.

En resumen, el color es importante porque, con él, podremos transmitir diferentes cosas con nuestra foto.

-El marco natural

Un recurso que nos puede ayudar a crear un punto de interés claro es el enmarcado natural. Podemos usar desde marcos de verdad (puertas, ventanas, agujeros…) como marcos orientativos como ramas, puentes, el hombro de la gente que hay delante…

-La regla de los tercios

Para mí es, sino la más importante, una de las más relevantes y a la que más atención debemos prestarle cuando hagamos fotografías. Tal y como la regla del número tres, nos daremos cuenta de que solemos seguir la regla de los tercios sin darnos cuenta. Todos hemos oído hablar de ella aunque no sepamos lo que es o no nos quede realmente claro en qué consiste… pero una vez la entendamos veremos cómo el aplicarla cambia totalmente nuestras fotos.

La regla de los tercios deriva de la proporción áurea. Se dice que, si dividimos cualquier cuadro de un museo en cuadrículas iguales de 3×3, las intersecciones de esas cuadrículas marcan los puntos de interés. Los elementos más importantes de las obras de arte se encuentran sobre esas intersecciones.

Con la regla de los tercios ocurre lo mismo: dividimos la imagen en tres tercios y los cuatro puntos de intersección serán los que marquen los puntos de interés de la foto fuera del centro. A estos puntos se les conoce como puntos fuertes.

Al principio nos costará identificar esos puntos fuertes en las imágenes que tenemos ante nuestros ojos, pero acabaremos haciéndolo inconscientemente. No obstante, muchas cámaras traen ya una rejilla en la pantalla de previsualización o incluyen guías en el visor.

Podemos encontrar una explicación fantástica aquí.

Existen más reglas de composición en la fotografía, por supuesto, pero estas son las que yo considero más relevantes y que un fotógrafo en potencia debe conocer primero. Son reglas que debemos intentar aprender e interiorizar para poder aplicarlas y empezar a mejorar nuestras fotos.
¿Siempre hay que seguirlas? Pues no, las reglas están para romperse… pero desde luego no podemos pretender hacerlo sin conocerlas previamente. Para hacer algo mal y que nos salga bien lo primero es saber qué se está haciendo.

¿Qué estoy haciendo mal?: los errores más comunes en fotografía

Lo más normal cuando empezamos a ser fotógrafos en potencia es que nos creamos que lo hacemos todo bien porque la cámara “lo hace sola” y nuestros amigos y familiares van a ver todo lo que hacemos bonito… pero no es así. Cuando llevemos un tiempo haciendo fotos y echemos un vistazo a lo que hacíamos al principio probablemente nos horroricemos. Pero lo más importante para empezar a mejorar es saber exactamente qué es lo que les pasa a nuestras fotos para empezar a solucionarlo cuanto antes.

Anteriormente hablamos de las 30 tonterías que hacemos todos al principio, pero también debemos tener en cuenta ciertos errores que van más allá de nuestro comportamiento. Son errores visibles en nuestras fotos, fruto del desconocimiento, que dejan de aparecer en cuanto leemos un poquito sobre fotografía y ojeamos el manual de instrucciones de la cámara.

No saber usar la luz

Ya lo hemos dicho: la fotografía está basada en la luz. Por eso será nuestra mejor amiga si sabemos tratarla, pero también puede ser nuestra peor enemiga si no sabemos nada de ella. Comprobaremos como, tras estudiarla, comprenderla y probar con ella, acabaremos siendo capaces también de controlarla.

Los fallos más comunes que provoca el no saber usar la luz son:

-La trepidación

“Esta foto me ha salido movida”, solemos decir… y es que en situaciones con poca luz debemos haber leído un poco sobre la velocidad de obturación y la apertura. Si lo hemos hecho ya sabremos que, a cuanta menos luz, más abierto debe estar el obturador. Y cuanto más abierto, mejor será una velocidad más reducida. Para hacer fotos así, necesitaremos apoyar la cámara en alguna superficie o usar un trípode… porque, a no ser que tengamos un pulso de acero, el más mínimo movimiento provocará que la foto salga con trepidación.

 -Los ojos rojos

Está claro, ya lo sabemos todos: el flash de las cámaras provoca ojos rojos. ¿Por qué? Porque la luz se refleja, sin más. Es cierto que la mayoría de los software de edición incluyen actualmente una herramienta de eliminación de ojos rojos, pero es mejor no tener que recurrir a ella y evitarlo nosotros mismos en el momento de la foto.

El mejor consejo que puedo dar para evitarlo es: no usar flash. Siempre debemos buscar la luz (mejor aún si es natural, claro) antes que tirar de flash. Si no es posible o no tenemos trípode para aprovechar la luz que tenemos, lo mejor es evitar disparar frontalmente sin alejarnos ni acercarnos demasiado.

-Sobreexposición y subexposición

Si no sabemos regular la exposición según el lugar y el momento en el que nos encontremos, haremos fotos que salgan muy oscuras o demasiado claras. ¡Mejor subir un poco el ISO y cambiar la apertura y la velocidad que tirar de automático y pegar un flashazo!

-Colores raros

 No es cierto que haya momentos mejorespeores en el día para tomar fotos… pero sí es verdad que los hay más óptimos o “fáciles”. La luz demasiado intensa suele frustrar nuestros intentos de tomar una foto casi tanto como la falta de luz. Una forma de encontrar buena iluminación en exteriores es esperar a las horas doradas, en las que no hay ni mucha ni poca luz.

En interiores hay que evitar en lo posible las bombillas, flexos, etc. Ya lo hemos comentado: si puedes aprovechar las ventanas déjate de encender luces o flashes. Evitarás que tus fotos sean de colores indeseados.

No saber componer

Debemos tener muy claro que, por mucha técnica que utilicemos, si la foto falla en la composición podemos tirarla a la papelera. Aunque la luz esté perfectamente medida, la apertura y la velocidad hayan sido las adecuadas y el enfoque sea impecable, no servirá de nada porque la composición es lo que hace que nos entre por el ojo.

No solamente por el factor creativo y artístico, sino porque nuestro cerebro procesa las imágenes impresas de cierta manera y cuando los ojos ven algo distinto notan que algo extraño pasa. Igual que cuando leemos: hemos aprendido a leer de arriba a abajo, de izquierda a derecha, ¿qué pasaría si viésemos un libro escrito al revés?

Más adelante analizaremos las reglas de composición, pero podemos ver algunos de los peores fallos que cometemos si no hemos leído acerca de la composición fotográfica y no hemos educado a nuestro ojo consumiendo un número considerable de imágenes (un ejercicio que deberíamos hacer cada día y que no tendremos ni que proponérnoslo si de verdad nos gusta la fotografía y estamos en alguna red social). Ya lo hemos dicho, de los demás se aprende muchísimo.

-La fotografía no tiene ningún punto de interés

Nosotros hemos hecho la foto y sabemos de sobra qué es lo que estábamos mirando… pero la mayoría de las veces quien la observa no, porque hemos metido más de lo que deberíamos en el plano (ya sea gente, objetos o edificios). Siempre debemos centrar la atención de quien mira, ya sea utilizando la profundidad de campo, los marcos, los fondos que resalten al sujeto, etc.

No vemos al gato de tantas cosas que hay

-La foto tiene algo muy raro

“Por más que la miro, veo algo raro… y no sé qué es”. Claro, está mal compuesta. Cuando sabemos del tema son errores que se detectan muy rápido, pero si no, cuesta bastante. Puede pasarnos desde que nos saltemos a la torera la regla de los tercios (que en ocasiones podemos hacerlo, pero siempre hay que conocerla previamente para violarla), que no hayamos sabido gestionar el aire o espacio negativo en la escena o que no sepamos cómo dirigir la perspectiva con la mirada de quien sale en la foto o las líneas que aparecen en ella.

 -Maestros del recorte

Esto siempre pasa cuando empezamos porque nunca sabemos si usar zoom o cuándo debemos hacerlo. Siempre es mejor acercarse o alejarse que usar el zoom. ¿Que mi madre está sentada y no sabe en el plano? ¡Pues no le cortes la frente, da dos pasos hacia atrás! Siempre es mejor no hacer una foto que hacerla mal.

-La perspectiva

La perspectiva es una de las partes más elocuentes de la fotografía. Si vas a hacerle una foto a un niño, siempre es mejor ponerse a su altura que sacarlo desde arriba. Si sacamos un gran edificio, preferiremos colocarnos debajo y hacerlo desde abajo (contrapicado). Un pequeño insecto mejor desde arriba (picado)… ¿Por qué?

Porque los edificios desde abajo provocan una sensación de enormidad, los insectos parecen más pequeñitos desde arriba y una foto frontal de un niño normalmente nos transportará a su altura, como si fuésemos otro niño que lo mira. Los caminos siempre parecen más largos si se siguen de abajo a arriba y más aún si los sacamos desde el propio suelo y no veremos un lago igual si lo sacamos con una altura de dos metros que con una de diez.